No se puede estar en la cárcel y con miedo. Qué gran frase. Mejor: qué gran pensamiento. Toda una declaración de intenciones que he hecho mía desde el mismo momento en que la he oído, esta tarde, de boca de una invitada que Gemma Nierga tenía en su programa. Hablaban desde Lorca.
La cosa venía a cuento de una conversación acerca de las posibilidades de cocinar platos más o menos apetecibles con un presupuesto reducido (“cocina de crisis”, otro gran acierto) y la invitada, de la que lamento no recordar su nombre, afirmaba poder cocinar un menú navideño con menos de seis euros (postre incluido, faltaría más). Tampoco recuerdo exactamente los manjares que proponía, pero sí recuerdo que además ha lamentado no poder ofrecer esta misma tarde la oportunidad a Gemma de catar uno de esos platos radiofónicamente más que sugerentes. Esto es arrojo. Esto es creatividad. Esto es confianza en las posibilidades de uno mismo. ¿Quién dijo miedo?
Demasiadas veces nos quejamos de los pocos recursos de que disponemos para la ejecución de nuestros maravillosos planes, de nuestras mejores estrategias: ¡lo que podríamos hacer si tuviéramos el presupuesto adecuado! Oyendo cosas como la que traigo a colación, creo a veces que nos hemos adocenado. Que no somos capaces de recomendar si no es disponiendo de grandes cifras, que siempre nos parecen pequeñas.
Hace una semana, en la entrega de los Premios a la Eficacia en Comunicación (los Efis), se elogiaba y premiaba a más de una campaña por haber logrado triunfar con poco presupuesto. ¿Poco? ¿Cuánto es poco? ¿A partir de cuánto ponemos la máquina a funcionar? No seré yo quien ponga la cifra, pero me temo que todavía no sabemos a ciencia cierta qué es poco presupuesto.
Habrá que ir tomando medidas. Habrá que irse acostumbrando a hablar con otros números. Sin temor. Con alternativas. Porque aparentemente somos nosotros los que hemos de ser capaces de aportar soluciones en la actual coyuntura, y no estaría bien no poder hacerlo. Sería doblegarse a la situación. Sería como estar en la cárcel cagaítos de miedo.
viernes, 7 de noviembre de 2008
miércoles, 5 de noviembre de 2008
¿Seguro?

El pie de foto que publica El País en su edición digital (www.elpais.es) parece muy explícito: “Obama y Joe Biden celebraron su triunfo junto a miles de seguidores en Chicago”. Está claro que sobran motivos. Hacer historia es lo que tiene y, en este caso, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que Obama lo ha hecho.
Lo que no es tan claro es que la foto confirme el término “celebración”. Creo que por primera vez a lo largo de la (casi eterna) campaña veo una foto del candidato demócrata en la que no está sonriente, complacido, seductor. Será el cansancio, serán los nervios, será la emoción. Será.
Lo que me parece cierto es que la expresión de Obama expresa muchos sentimientos, pero no el de celebración. No es el caso de Joe Biden, al que se ve tranquilo, con cara de haber hecho los deberes. Su jefe de filas mira lejos, casi a un punto en el infinito. Piensa, más que mira. ¿En qué? A ver si va a ser que antes de ejercer ya se le está poniendo cara de presidente. A ver si vamos a cambiar el sueño americano por la realidad de la Casa Blanca antes de ser su inquilino.
Obama ha conseguido lo que muchos otros no habían hecho: crear ilusión, implicación, (una cierta) confianza en el futuro que él apunta, sensación de que mucho –no todo– es posible. Que no se trunque a la primera de cambio. Que solo sea cansancio. Que el miedo o el hastío tarden en llegar. Que sólo sea una mala lectura mía de una foto. Que así sea.
Sant Joan Despí, USA
Venga, vamos a soltar ya de entrada todos los tópicos y así podremos dedicarnos enseguida a lo que realmente nos interesa.
Ahí van: vivimos en una aldea global. La crisis ha condicionado sobremanera la atención hacia las elecciones norteamericanas, La televisión ya no es lo que era. Los medios se están atomizando. El color negro está de moda. Palin no ha hecho ningún favor a McCain... Creo que ya son suficientes.
A lo que vamos.
Acabo de ver cómo funcionó anoche la audiencia en televisión (confieso que la lectura que voy a hacer es desde Barcelona y, por tanto, desde un área con algunas particularidades en el consumo de medios). Precisamente por ello tiene sentido –si lo tiene– el comentario que va a continuación. Anoche la televisión española (no TVE, que es otra cosa) se volcó en mayor o menor medida en dar cumplida información de la evolución de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Por algo será. El caso es que hubo más de uno y más de dos programas especiales. No obstante quiero poner mi atención en dos de ellos: el de TVE y el de TV3. Dos cadenas públicas y, por tanto, con una función de servicio que tiene que ir un poco más allá del mero entretenimiento.
En este contexto, ambas contaron con destacados profesionales (otro tópico que se me había traspapelado) desplazados al lugar de los hechos para informar en riguroso directo sobre el terreno (algo que se hace palpable en muchas ocasiones a la vista de que casi nunca se dispone de los socorridos teleprompters desde los que leer la noticia).
No es cuestión de establecer la comparación en términos bélicos, pero es cierto que la batalla la ganó a todas luces TV3. ¿Anecdótico? Más bien, sintomático.
Si tenemos en cuenta la evolución del comportamiento de la audiencia en la TV autonómica catalana a lo largo de estos dos últimos meses podremos comprobar como ésta se ha vuelto a hacer no un hueco sino un sitial en el ámbito de la información. El público percibe que en el mundo pasan cosas de las que precisa estar informado y, a renglón seguido, busca quien puede servirle ,mejor la información. En quien puede depositar su (in)tranquilidad. Y toma decisiones. Estas decisiones han llevado a TV3 a ocupar de nuevo el liderazgo en los informativos.
Algunos podrán argumentar el carácter “casolà” (casero) de la decisión. No obstante, la realidad lo desmiente. No solamente es un problema de proximidad, sino de confianza. Las elecciones norteamericanas nos pillan (geográficamente) lejos. No son ni el suceso de Castelldefels, ni la noticia de Ripoll. Se trata de información con mayúsculas.
Si en las grandes ocasiones el público opta por la cadena catalana es que el pulso está ganado. Soy consciente de que ello no se puede considerar un hecho de última hora, una novedad, pero también lo soy de que triplicar en términos de share (de 4% en TVE a 12% en TV3) no puede ser considerada una cuestión menor.
TV3 se ha puesto las pilas, y el público responde. El cambio de tendencia se asienta por segundo mes consecutivo. Yes, you can.
Ahí van: vivimos en una aldea global. La crisis ha condicionado sobremanera la atención hacia las elecciones norteamericanas, La televisión ya no es lo que era. Los medios se están atomizando. El color negro está de moda. Palin no ha hecho ningún favor a McCain... Creo que ya son suficientes.
A lo que vamos.
Acabo de ver cómo funcionó anoche la audiencia en televisión (confieso que la lectura que voy a hacer es desde Barcelona y, por tanto, desde un área con algunas particularidades en el consumo de medios). Precisamente por ello tiene sentido –si lo tiene– el comentario que va a continuación. Anoche la televisión española (no TVE, que es otra cosa) se volcó en mayor o menor medida en dar cumplida información de la evolución de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Por algo será. El caso es que hubo más de uno y más de dos programas especiales. No obstante quiero poner mi atención en dos de ellos: el de TVE y el de TV3. Dos cadenas públicas y, por tanto, con una función de servicio que tiene que ir un poco más allá del mero entretenimiento.
En este contexto, ambas contaron con destacados profesionales (otro tópico que se me había traspapelado) desplazados al lugar de los hechos para informar en riguroso directo sobre el terreno (algo que se hace palpable en muchas ocasiones a la vista de que casi nunca se dispone de los socorridos teleprompters desde los que leer la noticia).
No es cuestión de establecer la comparación en términos bélicos, pero es cierto que la batalla la ganó a todas luces TV3. ¿Anecdótico? Más bien, sintomático.
Si tenemos en cuenta la evolución del comportamiento de la audiencia en la TV autonómica catalana a lo largo de estos dos últimos meses podremos comprobar como ésta se ha vuelto a hacer no un hueco sino un sitial en el ámbito de la información. El público percibe que en el mundo pasan cosas de las que precisa estar informado y, a renglón seguido, busca quien puede servirle ,mejor la información. En quien puede depositar su (in)tranquilidad. Y toma decisiones. Estas decisiones han llevado a TV3 a ocupar de nuevo el liderazgo en los informativos.
Algunos podrán argumentar el carácter “casolà” (casero) de la decisión. No obstante, la realidad lo desmiente. No solamente es un problema de proximidad, sino de confianza. Las elecciones norteamericanas nos pillan (geográficamente) lejos. No son ni el suceso de Castelldefels, ni la noticia de Ripoll. Se trata de información con mayúsculas.
Si en las grandes ocasiones el público opta por la cadena catalana es que el pulso está ganado. Soy consciente de que ello no se puede considerar un hecho de última hora, una novedad, pero también lo soy de que triplicar en términos de share (de 4% en TVE a 12% en TV3) no puede ser considerada una cuestión menor.
TV3 se ha puesto las pilas, y el público responde. El cambio de tendencia se asienta por segundo mes consecutivo. Yes, you can.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Palabras
No hace mucho, mi buen amigo Màrius Serra (www.verbalia.com) me decía que, igual que ocurre en el mundo de las matemáticas, en lingüística también existe la ley de la compensación, y como prueba de ello ponía encima de la mesa –es un decir, aunque hubiera sido posible- algunos ejemplos a través de los que se veía que la lengua ha sido capaz de acuñar expresiones populares cuyo significado nos lleva a la posibilidad de afirmar una cosa o su contraria. Tal es el caso (aunque bilingüe) de la que traigo ahora a colación. De la misma forma que en castellano existe la posibilidad de afirmar que “el hábito no hace al monje”, en catalán podemos decir que “el nom fa la cosa” (el nombre hace la cosa). Con ello, como se puede suponer, lo que se pretende es dejar claro que las cosas no se expresan porque sí y que, además, están condicionadas, aunque sea ligeramente, por la palabra que las expresa.
Posiblemente no hubiera reparado en ello ayer de no haber sido por una noticia aparecida en diversos medios de comunicación en la que se hacía referencia a la aparición del último libro de Pilar Urbano cuyo contenido expone una serie de conversaciones de S.M. (que no falten las siglas) la Reina acerca de los más diversos temas. Una especie de confesión regia.
A uno, que es como es y más si dispone de un rato de asueto aparente como es un viaje BCN-MAD, no se le ocurrió otra cosa que leer lo que decía la noticia e, involuntariamente, reparar en que las palabras (casi) nunca son gratuitas. En la noticia se decía que la Reina (S.M.) entre otras cosas, había expresado su opinión acerca de muchos temas (Obama, matrimonios gay –“no estoy en contra, pero que no le llamen matrimonio” venía a decir– eutanasia, aborto…) Muchos temas que, lógicamente generaron respuesta. No obstante no son estos a los que quiero referirme, aunque es evidente que la Confesante tenía claro el valor de las palabras, vista la petición que hacía con referencia a la cosa matrimonial.
En un pasaje de la noticia, el periodista hacía referencia a otras palabras que había pronunciado no la Reina (S.M.), sino su Marido (S.M.) el Rey. El texto contaba cómo –siempre según el periodista, según Pila Urbano y según S.M. – en una ocasión el Rey de Marruecos había invitado a S.M. el Rey de España a visitar Ceuta y/o Melilla con la promesa de darle un recibimiento caluroso como él merece, a lo que la respuesta fue (aproximadamente) “Cómo me vas a dar la bienvenida a una tierra que es mía”.
¿”Mía”? Aquí es donde el nombre hace la cosa. Aquí es donde la comunicación real se hace patente. Mía expresa posesión. A todas luces es una forma de expresar que algo no “nos” pertenece, sino que “me” pertenece. Y también a todas luces, no es lo mismo “mía” que “nuestra”. Cuando hablamos, y más si nuestra responsabilidad es la de ejercer de máxima autoridad de un país (casi) nunca decimos otra cosa que no sea lo que queremos. Menos si se trata de un espacio en el que se ha ejercido el derecho de lectura y de rectificación. Un territorio nuestro es un proyecto en común. Un territorio mío es un cortijo a nombre propio.
Las palabras no son sumas de letras. Son contenidos andantes que, una vez puestos en circulación, difícilmente pueden ser detenidos.
Posiblemente no hubiera reparado en ello ayer de no haber sido por una noticia aparecida en diversos medios de comunicación en la que se hacía referencia a la aparición del último libro de Pilar Urbano cuyo contenido expone una serie de conversaciones de S.M. (que no falten las siglas) la Reina acerca de los más diversos temas. Una especie de confesión regia.
A uno, que es como es y más si dispone de un rato de asueto aparente como es un viaje BCN-MAD, no se le ocurrió otra cosa que leer lo que decía la noticia e, involuntariamente, reparar en que las palabras (casi) nunca son gratuitas. En la noticia se decía que la Reina (S.M.) entre otras cosas, había expresado su opinión acerca de muchos temas (Obama, matrimonios gay –“no estoy en contra, pero que no le llamen matrimonio” venía a decir– eutanasia, aborto…) Muchos temas que, lógicamente generaron respuesta. No obstante no son estos a los que quiero referirme, aunque es evidente que la Confesante tenía claro el valor de las palabras, vista la petición que hacía con referencia a la cosa matrimonial.
En un pasaje de la noticia, el periodista hacía referencia a otras palabras que había pronunciado no la Reina (S.M.), sino su Marido (S.M.) el Rey. El texto contaba cómo –siempre según el periodista, según Pila Urbano y según S.M. – en una ocasión el Rey de Marruecos había invitado a S.M. el Rey de España a visitar Ceuta y/o Melilla con la promesa de darle un recibimiento caluroso como él merece, a lo que la respuesta fue (aproximadamente) “Cómo me vas a dar la bienvenida a una tierra que es mía”.
¿”Mía”? Aquí es donde el nombre hace la cosa. Aquí es donde la comunicación real se hace patente. Mía expresa posesión. A todas luces es una forma de expresar que algo no “nos” pertenece, sino que “me” pertenece. Y también a todas luces, no es lo mismo “mía” que “nuestra”. Cuando hablamos, y más si nuestra responsabilidad es la de ejercer de máxima autoridad de un país (casi) nunca decimos otra cosa que no sea lo que queremos. Menos si se trata de un espacio en el que se ha ejercido el derecho de lectura y de rectificación. Un territorio nuestro es un proyecto en común. Un territorio mío es un cortijo a nombre propio.
Las palabras no son sumas de letras. Son contenidos andantes que, una vez puestos en circulación, difícilmente pueden ser detenidos.
jueves, 16 de octubre de 2008
CABREO
Hace algo más de tres años empezamos para la XAL (Xarxa Audiovisual Local, el grupo de medios de proximidad dependientes de la Diputación de Barcelona) un trabajo que nos pareció –y sigue pareciéndonos- apasionante: establecer las bases para lograr que este tipo de medios, habitualmente muy denostados por la mayoría, pasaran a formar parte de los más queridos por el público en general (y por el sector anunciante, en particular). Una labor muy interesante, teniendo en cuenta que el horizonte que se abría generaba más confusión que otra cosa, a partir de la ya famosa fragmentación de audiencias. Se mascaba que los tiempos de grandes concentraciones de público en las cadenas generalistas estaba llamando a su fin y, para un medio cuyo principal valor nunca podría ser la acumulación de audiencia, se abría una oportunidad real.
A partir de ese momento se trazó una estrategia que pasaba no solamente por conseguir una mayor visibilidad para el público general, sino además conseguirla con un determinado posicionamiento (los más atentos se habrán percatado ya de que la palabra “local” solamente ha aparecido una vez en lo que llevamos de texto).
Entre otras muchas actividades e iniciativas se diseñó un evento que queríamos que representara con fidelidad el posicionamiento que pretendían los medios pertenecientes a la XAL, centrado en dos grandes características: la aportación de valor añadido, y la huida de una del localismo a ultranza, que cambiábamos por proximidad. Un término menos unido a la geografía y más a la sensibilidad. El evento de referencia recibió el nombre de NEXT y nació bajo el formato de una jornada dedicada a la reflexión y el debate a travñes de la combinación de ponencias y mesas redondas protagonizadas por especialistas en la materia de debate. Una materia siempre de interés, con mayor proyección a futuro más que a presente, con la colaboración de profesionales de todo el mundo. Tanto la XAL como la propia Diputación lo entendieron, lo compartieron y lo impulsaron y ahora hace algo más de un año se celebró –con éxito de crítica- NEXT #1. Por primera vez una red de medios locales era capaz de reunir en España ponentes pertenecientes a entidades y empresas del nivel de gente procedente de diversas partes del mundo Current TV, PBS, Pay TV, Vodafone, Guerrilla….para que nos hablaran de hacia dónde se dirigía el mundo de lo audiovisual. Estuvimos acompañados de los mejores profesionales, y ello que nos impulsó a plantearnos la celebración de la segunda edición.
NEXT #2 se va a celebrar el lunes 20 de octubre en Barcelona (www.next.cat) y se va a celebrar con la colaboración otra vez de profesionales de la más diversa procedencia para hablar esta vez del futuro que nos espera en el ámbito de la información. Contaremos con gente perteneciente a Sky News, ARD, International center for Journalists o la Universidad de Navarra y, por primera vez en España, además, con la presencia de Al Jazeera en una de las mesas redondas. O no.
Hoy nos han comunicado que no van a asistir. Después de meses de trabajo, tres días antes han surgido problemas insalvables que impiden su presencia.
Mierda. Hay cosas que me sacan de quicio.
A partir de ese momento se trazó una estrategia que pasaba no solamente por conseguir una mayor visibilidad para el público general, sino además conseguirla con un determinado posicionamiento (los más atentos se habrán percatado ya de que la palabra “local” solamente ha aparecido una vez en lo que llevamos de texto).
Entre otras muchas actividades e iniciativas se diseñó un evento que queríamos que representara con fidelidad el posicionamiento que pretendían los medios pertenecientes a la XAL, centrado en dos grandes características: la aportación de valor añadido, y la huida de una del localismo a ultranza, que cambiábamos por proximidad. Un término menos unido a la geografía y más a la sensibilidad. El evento de referencia recibió el nombre de NEXT y nació bajo el formato de una jornada dedicada a la reflexión y el debate a travñes de la combinación de ponencias y mesas redondas protagonizadas por especialistas en la materia de debate. Una materia siempre de interés, con mayor proyección a futuro más que a presente, con la colaboración de profesionales de todo el mundo. Tanto la XAL como la propia Diputación lo entendieron, lo compartieron y lo impulsaron y ahora hace algo más de un año se celebró –con éxito de crítica- NEXT #1. Por primera vez una red de medios locales era capaz de reunir en España ponentes pertenecientes a entidades y empresas del nivel de gente procedente de diversas partes del mundo Current TV, PBS, Pay TV, Vodafone, Guerrilla….para que nos hablaran de hacia dónde se dirigía el mundo de lo audiovisual. Estuvimos acompañados de los mejores profesionales, y ello que nos impulsó a plantearnos la celebración de la segunda edición.
NEXT #2 se va a celebrar el lunes 20 de octubre en Barcelona (www.next.cat) y se va a celebrar con la colaboración otra vez de profesionales de la más diversa procedencia para hablar esta vez del futuro que nos espera en el ámbito de la información. Contaremos con gente perteneciente a Sky News, ARD, International center for Journalists o la Universidad de Navarra y, por primera vez en España, además, con la presencia de Al Jazeera en una de las mesas redondas. O no.
Hoy nos han comunicado que no van a asistir. Después de meses de trabajo, tres días antes han surgido problemas insalvables que impiden su presencia.
Mierda. Hay cosas que me sacan de quicio.
viernes, 19 de septiembre de 2008
Un placer
No hace muchos días escribí un concepto para una asociación de empresarios vinculada al sector primario que se resumía en una frase tal vez manida, pero no menos indicada para la ocasión: “El poder de la suma”. Tal expresión quería simbolizar la importancia que podía llegar a adquirir actuar en conjunto en un momento como el actual y en un contexto competitivo como el que rodea a la asociación de referencia. El poder de la suma.
Hoy, gracias a una actuación profesional compartida (hay que ver, nunca había escrito “concurso” con tantas letras) he tenido la ocasión de aplicarme el cuento. De ser consciente una vez más de lo importante que puede llegar a ser compartir no solamente buen hacer profesional, sino también pasión por el trabajo hecho. El escenario era muy simple: una sala de reuniones con vistas al mar. Una pantalla enorme de televisión. Once personas alrededor de ella, y mucho talento. Tanto en una parte de la mesa, como en la otra. Tanto en quien era receptor de la propuesta, como en quien era proponedor.
Hilvanar. Este tendría que ser el verbo a emplear para describir la acción que ha tenido lugar. Fluir. Lo que ha ido sucediendo a lo largo de casi dos horas. Un auténtico ejercicio de comunicación: la que se ha propuesto y la que se ha producido, paella incluida.
Gracias Xavi, Juan, Emilio, Xavi, y Antonio por haber podido compartir pantalla, mesa y mantel. Un auténtico placer.
Hoy, gracias a una actuación profesional compartida (hay que ver, nunca había escrito “concurso” con tantas letras) he tenido la ocasión de aplicarme el cuento. De ser consciente una vez más de lo importante que puede llegar a ser compartir no solamente buen hacer profesional, sino también pasión por el trabajo hecho. El escenario era muy simple: una sala de reuniones con vistas al mar. Una pantalla enorme de televisión. Once personas alrededor de ella, y mucho talento. Tanto en una parte de la mesa, como en la otra. Tanto en quien era receptor de la propuesta, como en quien era proponedor.
Hilvanar. Este tendría que ser el verbo a emplear para describir la acción que ha tenido lugar. Fluir. Lo que ha ido sucediendo a lo largo de casi dos horas. Un auténtico ejercicio de comunicación: la que se ha propuesto y la que se ha producido, paella incluida.
Gracias Xavi, Juan, Emilio, Xavi, y Antonio por haber podido compartir pantalla, mesa y mantel. Un auténtico placer.
martes, 16 de septiembre de 2008
De vuelta
No es que el tiempo pase muy rápido. Es que los días son muy cortos. Excusa de mal pagador, dirán unos. No haberse metido, dirán otros. El caso es que han pasado casi quince días y, como se ha podido ver, la casa por barrer. O lo que es lo mismo, el blog por actualizar. Ya está. Queda dicho. Lo único que resta ahora es no dejar pasar en más ocasiones períodos tan largos como el vivido estas dos últimas semanas. Ahí va el propósito.
Intenciones al margen, a lo largo de estos últimos días he podido comprobar lo difícil que es dar instrucciones concretas y, lo que es todavía más difícil, lo dificultoso que resulta seguirlas cuando uno es el destinatario. ¿Una cuestión sin relación con el eje de este sitio? No. El fenómeno que apunto no es otra cosa que un mal cierre del circuito de comunicación. ¿Cuáles son las causas? ¿Problemas en el lanzamiento del mensaje? ¿Una mala selección de las vías elegidas para hacerlo llegar a nuestro destinatario? ¿Una suma de ambas?
No creo en los efectos sin causa, por lo que estoy convencido de que cuando esto ocurre es porque hay motivo. Y tampoco creo en las casualidades: las cosas no ocurren porque sí. ¿Hemos de presuponer, por tanto, que cuando el proceso de comunicación falla es porque alguien no hace bien su labor? Posiblemente. Unas veces por desidia, otras por un exceso de confianza, las más por conformismo. El caso es que los unos por los otros… el mensaje sin surtir su efecto. Y no estamos hablando de cuestiones baladís. Son numerosos los mensajes, las instrucciones que quedan constantemente en el aire, pendientes, mal resueltas. Son innumerables las repeticiones de acción a que nos vemos sometidos por no cerrar a tiempo y en condiciones el circuito de comunicación. Miles de ocasiones desperdiciadas, miles de horas derrochadas. ¿Introducimos el factor coste? No. Para qué si ya sabemos que eso tiene una traslación directa a la cuenta de resultados (me da lo mismo si se tratad del ámbito profesional que si hablamos del personal).
Fijémonos un poco más. Detengámonos un momento en mirar, pensar, decidir y comunicar lo que queremos que se haga. Todo va a ser mucho más fluido. Y de paso va a costar menos. Pero por otra parte, detengámonos, pensemos y comprendamos qué es exactamente lo que nos quieren decir. Seguramente nos ahorraremos un montón de preguntas, muchas aclaraciones inútiles y, sobre todo, mucha pasta.
Intenciones al margen, a lo largo de estos últimos días he podido comprobar lo difícil que es dar instrucciones concretas y, lo que es todavía más difícil, lo dificultoso que resulta seguirlas cuando uno es el destinatario. ¿Una cuestión sin relación con el eje de este sitio? No. El fenómeno que apunto no es otra cosa que un mal cierre del circuito de comunicación. ¿Cuáles son las causas? ¿Problemas en el lanzamiento del mensaje? ¿Una mala selección de las vías elegidas para hacerlo llegar a nuestro destinatario? ¿Una suma de ambas?
No creo en los efectos sin causa, por lo que estoy convencido de que cuando esto ocurre es porque hay motivo. Y tampoco creo en las casualidades: las cosas no ocurren porque sí. ¿Hemos de presuponer, por tanto, que cuando el proceso de comunicación falla es porque alguien no hace bien su labor? Posiblemente. Unas veces por desidia, otras por un exceso de confianza, las más por conformismo. El caso es que los unos por los otros… el mensaje sin surtir su efecto. Y no estamos hablando de cuestiones baladís. Son numerosos los mensajes, las instrucciones que quedan constantemente en el aire, pendientes, mal resueltas. Son innumerables las repeticiones de acción a que nos vemos sometidos por no cerrar a tiempo y en condiciones el circuito de comunicación. Miles de ocasiones desperdiciadas, miles de horas derrochadas. ¿Introducimos el factor coste? No. Para qué si ya sabemos que eso tiene una traslación directa a la cuenta de resultados (me da lo mismo si se tratad del ámbito profesional que si hablamos del personal).
Fijémonos un poco más. Detengámonos un momento en mirar, pensar, decidir y comunicar lo que queremos que se haga. Todo va a ser mucho más fluido. Y de paso va a costar menos. Pero por otra parte, detengámonos, pensemos y comprendamos qué es exactamente lo que nos quieren decir. Seguramente nos ahorraremos un montón de preguntas, muchas aclaraciones inútiles y, sobre todo, mucha pasta.
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